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viernes, 5 de junio de 2026

Querido Huitzi:

 Entrando al bosque escuché, Amigos nunca, cumbia a todo volumen en el estacionamiento y no podía  faltar quien la cantara a lo lejos, he escuchado pocas veces esta obra y es tan…


Todo húmedo, sigue lloviendo sobre la ciudad, suspiro y mi mente acalla todo alrededor; pienso en que, ayer se sumó otro mes sin mi Pelé.  Entiendo bien que el hubiera, no existe, aún así, me queda ese último chiste de cariño que no envié   Pelé, pensé que era mejor  decírselo en persona para ver su carita llena de cariño y que, además, me devolvería alguna ocurrencia  que celebraríamos con risas; también consideré  que ya era muy tarde, faltaban 45 minutos para la medianoche,  o que ya estaría en brazos de Morfeo; y aunque cerramos todo en vida  y nada quedó pendiente, como te extraño, mi Pelé, mi cómplice de aventuras.


sábado, 30 de mayo de 2026

Querido Huitzi:

 Entrando al bosque, el gato que está triste y azul de Roberto Carlos suena a todo volumen en el estacionamiento, camino de acuerdo a como mis rodillas lo permiten, hoy será solo caminata normal; canté esa hermosa canción cuando era tan pequeña, llenando de historias de fantasía el cielo azul, estrellado, con luna, nublado o como estuviese, siempre con un gato como protagonista y recordé ese gato negro, gato del demonio, como le decía mi bisabuela y que tantos sustos nos dio, ya te contaré más, querido Huitzi.


En la última vuelta al circuito, mi rodilla derecha no molestaba tanto y caminé un poco más rápido, casi al final, una corredora llevaba su celular en la mano y reproducía la canción,   Let it be, de The Beatles; y tarareando la canción, salí del bosque.  En el camino, meditaba sobre el día anterior, en una reunión, surgió el tema de la muerte,  una señora hablaba sobre su preferencia de ser cremada cuando fallezca e hizo bromas sobre su sobrepeso y el reto que esto sería cuando la incineren, nos hizo reír con sus ocurrencias; lo curioso es que se cree que la muerte está muy lejana, hay quien hasta  evita el tema, para no invocarla; sin embargo, ella, camina juntos a nosotros, desde que nacemos.

jueves, 28 de mayo de 2026

Querido Huitzi:

 Hacia dónde ir cuando tu mano está vacía, sosteniéndote a ti mismo, con una fuerza desconocida, se es más fuerte de lo que uno imagina.  Todo se desvanece ante la muerte, la realidad se aprecia con otra tonalidad, entre bruma  y se debe vivir en esa pesadilla inagotable de la vida;  que  gran poder seria tener la palabra consoladora para mi amiga, una madre que ha quedado en orfandad, me duele su dolor, la abrazo y siento su fragilidad; todo ha quedado atrás para ella, hay que vivir, aunque, ella anhela que, algún día, su hijo la recibirá ante el beso de la muerte.

martes, 26 de mayo de 2026

Querido Huitzi:

 A todo pulmón, alguien cantaba la canción que se escuchaba en la bocina, Cucurrucucú, paloma, en el estacionamiento del bosque de Tlalpan.  Encontré un frío rico, ha estado lloviendo y ya tengo la nariz helada.  El circuito tiene partes con mucha tierra y pequeñas piedrecillas sobre su pavimento, dos corredores se resbalaron, los vi a la distancia, por lo que debí ir con precaución en esas partes del camino.  


Hoy, el aire fresco es suficiente, me niego a darle vueltas a lo incomprensible, no tiene solución, que sea lo que tenga que ser, al diablo todo, me burlo de este momento de lucidez, como si en realidad existieran soluciones mágicas a lo que nos posterga deleitarnos en el camino de esta vida, no hay un puerto de la felicidad, ya lo sé.  Al terminar mi caminata, vi unas huellas de lodo fresco en un tramo de varios metros, evito pisarlas, mis tenis ya pesan demasiado como para llenarlos de más lodo.

sábado, 23 de mayo de 2026

Querido Huitzi:

 


En el circuito, pasé por una parte mullida debido a que estaba tapizada de flores de jacaranda, una alfombra colorida, la lluvia dejó pelona a esa enorme enredadera que trepa por los árboles.  Encontré un billete de cien pesos cuando caminaba con los ojos llenos de lagrimas, esperé un poco por si alguien volvía a buscar el billete, suspiro, mientras niego con la cabeza, maldición!


Al vestirme para ir al bosque, Encontré  una ropa interior que hace mucho no utilizaba, la llenaba desbordante, hoy, solo fue suficiente, la grasa corporal ha ido a lugares donde jamás había estado; durante la pandemia, enfermé de COVID y la enfermedad consumió mi masa corporal, veía como mis rodillas habían terminado tan huesudas, agradecida, eso sí, porque seguía con vida; ah!, pero, la grasa no me abandonó, me será fiel, siempre.


Le sonrió al espejo, sigo siendo yo, pese a las medidas, todo lo queremos medir, así que, a través de la historia, se ha inventado todo tipo de cálculos, será que también mediremos en conjunto, como: lo negativo, lo que resta, la cobardía, porque ahí, yo quedo a deber, en lo que respecta a lo positivo, a lo que suma, a la generosidad, ahí, no tengo  a quien reclamarle.

miércoles, 20 de mayo de 2026

Querido Huitzi:

 No camino por hoy, me dije, un cansancio ante tantas emociones me trató de convencer y, no, me dirigí a Fuentes Brotantes, hacía frío, todo húmedo, llovió ayer con todo y granizo.  Pese al frío, no logro refrescar mis pensamientos, bullen tantas ideas y como siempre, vivimos situaciones que no han sucedido; el futuro no existe,  no somos adivinos, aunque eso sería más una tragedia que una ventaja, de ser así.


El regreso fue apresurado, con las manos heladas y hambre.  Vi  unas casitas que no había observado, en un terreno irregular, con pendiente, recordé que cuando era niña, era la chaperona de una tía joven y Justo en una de esas casitas, fuimos a una fiesta, en aquel tiempo, para acceder a la reunión , debíamos cruzar un pequeño puente improvisado, sobre un riachuelo  que corría con fuerza, el bosque de Fuentes Brotantes era tan tenebroso de noche, la luna se filtraba por entre las copas enormes de los árboles y no lograba iluminar el oscuro lugar, nunca sentí miedo, era fascinación sobre las leyendas del carruaje del Diablo que salía de la enorme piedra encantada, de las brujas que adormilaban a las madres y se robaban a los bebés para ser llevados a ese lugar, de la llorona que flotaba en el agua de Fuentes Brotantes y más historias; seguramente, las señoras canosas que barrían las hojas de los árboles en sus pequeños patios, eran aquellas jovencitas que me invitaron un sándwich y una coca en botella de vidrio, mientras bailaban y reían en brazos de sus novios; yo, miraba por la ventana el color del mal,  con escrutinio, qué inocencia, la oscuridad no era lo que ahora representa, no lo sabía.

lunes, 18 de mayo de 2026

Querido Huitzi:

 Mis pasos se dirigen a un camino indeseable, al sepelio de un chico, mi amiga está deshecha, la pérdida de un hijo es… y no habrá palabras para consolar, solo un abrazo y estar presente.


Ve en paz, chiquillo de ojos dulces y  tristes, vivirás en nuestros corazones.

domingo, 17 de mayo de 2026

Querido Huitzi:

 Era casi un kilo de carne, la encontré en la mañana, sobre la mesa, junto a un paquete de tortillas pequeñas, la carne ya estaba en mal estado, por lo que debí colocarla en la basura, con todo y salsa de guacamole; vaya desperdicio, querían darme una sorpresa y lo lograron.  Era más tarde de lo que pensé y salí rumbo al bosque.


Sentí un picor en mis talones, revisé mis calcetas y encontré pequeños fragmentos de hojas secas, incrustados en el tejido de las calcetas; cuando esta muy húmedo el circuito, debido a la lluvia, está el riesgo de resbalarse con las hojas de los árboles y cuando no ha llovido, pasa esto, se clavan los fragmentos de hojarasca en tus pies, sacudí en lo posible las calcetas y continué mi caminata.  A la salida del bosque de Tlalpan, se instala un Mercado y hoy no hubo música.


Un auto se detuvo cerca de mí sobre  Santa Teresa, era una señora y me ofreció llevarme a la avenida Insurgentes en su auto, le agradecí el gesto y continué mi camino; cuantas personas te observan e ignoramos por no prestar atención a quienes nos rodean o por ir absortos en nuestros pensamientos, ah!, pero, la incomodidad de un pedazo de hoja seca, que pareciera insignificante, logra detenerte; haré lo posible por mirar con más interés mi entorno, a veces parece que se camina en un solitario mundo.

viernes, 15 de mayo de 2026

Querido Huitzi:

 La cara con heridas, más en la frente, por lo que su cabello canoso lo sujetó en un chongo, un vendaje cubría su pecho y aún así, caminó junto conmigo, ignoramos las miradas impertinentes, pero, fue inevitable el llanto, cómo se puede vivir así?, abrir los ojos cada día para enfrentar esa batalla, es realmente vivir?  Donde se hallan las respuestas a lo no dicho, a lo que hierve en el pecho y en la mente; volvimos sobre nuestros pasos, ya está sintiéndose caluroso el bosque, en el camino, volvimos a llorar, no encontré la palabra exacta, porque no existe por ahora y nos abrazamos. 


Sobre la avenida Insurgentes, até sus agujetas, pues una mano también la tiene con vendajes, está inflamada  y no se resistió, como lo hubiera hecho antes; el sol nos dio en la cara, sobre sus heridas, intente sonreír y la sonrisa fue imposible, hubiera sido una mueca falsa y la vida aún continúa.

jueves, 14 de mayo de 2026

Querido Huitzi:

 


Un señor sostenía una flor, al mismo tiempo que la admiraba con gran interés, le susurraba algo que nadie escuchaba, algunos corredores le miraban con burla, alguien le gritó que la besara, otros más decían, pobre loco, el hombre parecía no escuchar a nadie, concentraba toda su atención en la flor, las tres veces que caminaba cerca de él, seguía embelesado con la bella flor, en el mundo no existía nadie más, solo el hombre de gran bigote y la flor , que quizá, deseaba marchitarse para ser liberada de esa mano.


Mi ultima vuelta en el circuito del bosque fue difícil, mi rodilla derecha no me permitió caminar rápido, por lo que debí caminar más lento, al salir del bosque, a todo volumen se escuchaba una canción de Juan Gabriel, Querida y todo el trayecto de vuelta a casa la fui cantando, a la vez que razonaba donde hallar las palabras que a veces no encuentro, aunque aplique el mismo interés de aquel hombre de gran bigote hacia su flor, las letras se niegan ante mi mano, probablemente, negándose a ser leídas o  negándome a develar lo que bien sé y aún no admito.

martes, 12 de mayo de 2026

Querido Huitzi:

 Llovió toda la madrugada y el bosque amanece con un poco de bruma y no se siente frío.  Las hojas están decoradas con gotitas de agua, parecen diminutos cristales, continúa nublado y me hubiera encantado ver el reflejo de los rayos del sol sobre esta vegetación diamantada.


Y, sí, bailé el día de ayer, el día de la madre es todo un acontecimiento, como siempre, en nuestro México querido y por doquier se festeja; bailamos, comimos tacos de canasta, nos ofrecieron, aguas de jamaica y guayaba; café y galletas mac ma.  Hubo reencuentros con compañeras de lucha, a quienes tenía mucho tiempo de no abrazar, las charlas sobre sus tratamientos agresivos o quienes hace años ya no han requerido servicio en la institución , por lo que se me alegró el corazón al ver la felicidad en sus caritas.  Vuelvo sobre mis pasos, dispuesta a el baile de la vida, sin importar el compás, hay que bailarlo.

lunes, 11 de mayo de 2026

Querido Huitzi:

 El salón de banquetes estaba lleno, solo en nuestra mesa una silla vacía nos recordaba a nuestra amiga Vera, falleció hace unas semanas y no corrió el tequila como a ella le gustaba; tequila que yo solo besaba ante su cara de decepción por no llevarle el ritmo en los brindis, mi vaso, siempre lleno de agua mineral o agua con limón, era visto con desdén, por Vera, ni refresco, lo evitó,  aunque me encanta la coca, el sidral mundet y la sangría señorial, eso es cosa del diablo; la diabetes en mi familia ha sido un cuento de terror.


Bailamos y disfrutamos y una amiga lloraba por Vera; en nuestra posada de fin de año,  Vera me dio un obsequio, en secreto y con rapidez, no llevaba presentes a nadie más, esa vez me reí, pues me sentí como una pequeña haciendo una travesura cuando oculté  mi regalo dentro de mi gran bolso, con este tierno recuerdo sentí un nudo en la garganta y abracé a mi amiga que continuaba llorando.  Regreso a casa, el bosque está delicioso, ha estado lloviendo y su frescor húmedo me abraza; mi rodilla derecha me molesta más de lo normal, sin embargo, hoy, volveré a bailar!

miércoles, 6 de mayo de 2026

Querido Huitzi:

 Vaya calor!, definitivamente, bosque de Fuentes Brotantes, ese frío tan refrescante es lo que necesito, no solo para caminar, también para enfriar los pensamientos que no dejan de hervir, permanentemente.  Dos ardillitas negras cruzaron enfrente de mis pies, reprimí un grito del susto que me dieron y reí de mi sobresalto, treparon en uno de los árboles, desapareciendo ante mi gesto divertido; se va por la vida tan enclaustrado en nuestros problemas que no nos permitimos disfrutar de las pequeñeces que enriquecen el momento y que pueden provocar una sonrisa que endulce ese día.


Y la noticia de la muerte de esa chica, después de una agonía de varios meses, recluida en un hospital, sin volver a ver a sus pequeños hijos, me crea esa interrogante, como en antaño, cuando era tan pequeña: si acaso, en realidad,  es la muerte un ser piadoso ante el sufrimiento y no ese ser malvado y perverso.


Vuelvo a casa, con cargas que consumen, que jamás imaginé que existieran. Camino rápido, Sintiendo pena por la partida de esa joven madre y su familia, suspiro; y, después, vuelve la imagen de esas pequeñas peluditas negras, en su loca carrera, ajenas al dolor humano, sobreviviendo en ese pequeño y húmedo bosque. 

martes, 5 de mayo de 2026

Querido Huitzi:

 En la primera vuelta al circuito del bosque, a gran volumen, se escuchó una rola del Tri, “Soy un perro negro y callejero, sin hogar, sin hembra y sin dinero…”, la música procedía de una cabaña, ahí se sitúa   un equipo de trabajadores, hay cintas amarillas que limitan el acceso a ese lugar.  Ya sabes, Huitzi, la música evoca mis recuerdos, es ley; Rizo, mi primo rebelde, varios años mayor que yo, rasgaba en su guitarra desde rolas de rock, hasta querido Tonalá, hizo de su inseparable guitarra una extensión de sí mismo, nunca le pregunté si su guitarra tenía nombre, como Lucille, las guitarras de King.


Mis canciones preferidas de Alex Lora son,  A.D.O. y Triste canción, entre otras, todos en casa de Abu, las conocimos, gracias a mi primo.  Rizo desertó en la primaria, era demasiado grande y osado para contenerlo, nadie logró ponerle límites; entre cigarrillos y cervezas, ha deambulado con su eterna compañera.  Su autoexilio del amor y del desdén de quienes debieron cuidarlo, quizá, le forzó a evadir la realidad que otros habitan, solo él sabe cómo logró sobrevivir y ascender de incontables precipicios.


Siempre rodeado de chiquillos curiosos, Rizo se daba el gusto de interpretar alguna canción, todos cantábamos o lo intentábamos, a la sombra de esa frondosa higuera o el sauco aromático.  Siempre veía a Rizo tan alto, cuando era una niña, él me protegía de los chicos abusivos en la primaria, cuando yo solo tenía  seis años, pues en ese tiempo, en la escuela primaria,  había alumnos de más de 15 años; sin embargo, en una ocasión conocí sus puños por negarme a hacer uno de sus deberes en casa, siendo tan pequeña, nadie creyó cuando les conté como me había golpeado mi primo.  Hace un par de años lo volví a ver, le salude con ese cariño de antaño, Rizo estaba tan frágil y con su guitarra inseparable en su huesuda mano, volvimos  a cantar, “Oye cantinero, sírveme otra copa, por favor…”; la voz de Rizo es más rasposa y tan rota, como él mismo y como algunos de nosotros.

viernes, 1 de mayo de 2026

Querido Huitzi:

 Ayer fue un día contradictorio, esperando con paciencia y a la vez deseando que terminara o que el calendario no marcara ese día.  Atrapada, sin escape, mirando como el tiempo se diluye en este calor agobiante.


Hoy volví al bosque de Tlalpan, sin pretexto logro la caminata deseada, aquí no hay canciones ni espacios que me distraigan; solo en la entrada del bosque hay una bocina a todo volumen en el estacionamiento, siempre con música alegre; ya en el circuito, las charlas que decido ignorar tampoco me retrasan.


Lamentablemente, un hombre mayor, aún ágil y canoso, que corría, le dio un empellón a un chico, el joven lo alcanzó y lo enfrentó, cuestionándole por el golpe que le dio en la espalda, casi llegaron a los golpes y solo con la intervención de otros corredores se calmó la situación.  Que violento es correr, por eso, solo camino.

miércoles, 29 de abril de 2026

Querido Huitzi:

 Curiosamente, hoy encontré el frío del bosque más intenso, ayer no llovió, aunque el cielo estuvo lleno de grandes nubes.  Una música alegre me invitó a bailar, a cantar, un caballero, caminando junto a mi, muy sonriente y me dijo algo que no logré escuchar; continué mi camino, rápidamente, tarareando la canción, “oye, abre tus ojos, mira hacia arriba…”.


Lo que no ves, no existe, sabes?  Mire espacios y rincones del bosque que no había notado;  un señor sentado afuera de una casita, me sonreía, a la vez que agitaba su mano y me dijo, hoy no trajo su chamarra, hace fresco; el señor ya me había visto y seguramente, saludado y no le había prestado atención y, en efecto, hoy no traje chamarra, usé una sudadera , ahí me di vuelta.


El murmullo del riachuelo es tan relajante, cuando me vi en la gran piedra encantada, de frente, recordé mi niñez, ahí mismo las señoras con delantales y largas trenzas, ponían sus prendas a blanquear sobre la roca caliente por el sol, hincadas a la orilla del riachuelo, las señoras, incluyendo niñas,  lavaban sobre cualquier piedra saliente del agua, aún lo hacen quienes viven junto a la corriente; continue mi camino, admirando lo que robaba mi atención.  Cuán maravillosa es la naturaleza!

martes, 28 de abril de 2026

Querido Huitzi:

 


La brizna del riachuelo alcanzó mi rostro cuando me incliné para ver si ahí también había peces, entre más cerca del ojo de agua, la corriente es más intensa y solo vi piedras.  Elijo el bosque de Fuentes Brotantes, su serenidad es atrayente, al final del riachuelo se forma un pequeño estanque, tranquilo, ahí culmina la furia con la que inicia su recorrido.


Existen tantas leyendas y anécdotas sobre ese lugar tan mágico, desde las extrañas desapariciones de trabajadores de una fábrica que estaba situada junto a ese bosque, también se destaca por las películas del Santo, el enmascarado de plata, que fueron filmadas en ese lugar misterioso.


Hay otras anécdotas propias que evoque  y me hicieron reír; hace casi treinta años, cuando no contaba con agua en mi casa, acudía a ese riachuelo, cerca de la piedra encantada, donde la corriente no era tan rápida, mis hijos pequeños gozaban ese contacto con la naturaleza, era tan sorprendente para ellos.  Justo ahí, no solo lavaba el auto, enjuagaba la ropa enjabonada que llevaba de casa, como lo hacen quienes viven ahí, también llenaba unos botes con agua y la transportaba para las necesidades de mi hogar.  Escapó un suspiro, de aquel ser que fui, hoy, queda tan poco, eso deseo.

lunes, 27 de abril de 2026

Querido Huitzi:

El bosque de Tlalpan es más concurrido, escucho todo tipo de charlas, es inevitable, algunas me logran sacar una sonrisa y otras me apremian a dar más velocidad a mi caminata, cada loco con su tema.  


Pese a que ha llovido y hasta granizado; no hay ese frío que te atrapa en Fuentes Brotantes, hoy, este bosque bullicioso, lo encontré con un poco más de verdor.  


Cada paso me conduce a meditar, sin hallar sentido a lo que hace trizas el alma, sin embargo, siempre encuentro algo que agradecer, la vida es tan diversa, sorpresiva y tan intensamente ruda.  No hay como torear lo que ya tienes frente a tu nariz, burlándose, pisoteándote, amordazándote, sin siquiera haberlo ocasionado, imaginado o invocado.  Evitó maldecir en general, hoy lo expulsaré, Maldita sea!

viernes, 24 de abril de 2026

Querido Huitzi:

 Nuevamente, el bosquecillo de Fuentes Brotantes, este frío es tan acogedor.  A lo lejos, esa voz sedosa de Pedro Infante entonaba: “Yo ya me voy, solo vengo a despedirme…”, caminé lento, deseando seguir escuchando la canción.  A veces, las coincidencias parecen burlas, sabes?

En esta paz verdosa, unas ardillas cruzaron en mi camino, rompiendo mi meditación y sequé mis lagrimas.  Ni siquiera vi a los patos, me detuve en ese árbol viejo ennegrecido, no puedo ignorarlo, alguien me saludo por mi nombre, solo vi la silueta y atiné a contestar de manera indiferente y rápidamente, volví sobre mis pisadas.  

Hay presagios que no deberían de cumplirse, esos que te roban todo por lo que haz luchado durante toda tu existencia.  Solo confirmo lo que ya sabía, aunque  parece que lo había olvidado: nada nos pertenece.

jueves, 23 de abril de 2026

Querido Huitzi:

 Hoy fui a otro bosque, más pequeño, hundido entre edificios y casas; desde que inicias el recorrido por su sinuoso camino, un frío te abraza y te llena los pulmones; hay tanto verdor fresco, un riachuelo susurrante y también unas cabañitas pintorescas, son pequeños restaurantes donde ofrecen comida típica mexicana.

Olvidé mi loca caminata, hay tanto por admirar.  Las fuentes brotantes culminan en un lago artificial, lleno de peces que te hipnotizan en las aguas cristalinas, también hay patos, algunos tienen colores iridiscentes, ese arcoíris que te remonta a los cuentos infantiles.

Son las 7 de la mañana, pese a que hay unos rayos de sol  esplendorosos en avenida Insurgentes,  aquí está sombrío y en algunos puntos de gran vegetación inunda un silencio que solo logra romper el canto de algún pajarito.

Antes de volver sobre mis pasos, con las manos heladas, toqué un viejo árbol desgajado, oscuro, de pie, negándose a caer, a morir, como algunos de nosotros.

miércoles, 22 de abril de 2026

Querido Huitzi:

 Hoy solo di dos vueltas al circuito del bosque.  La impotencia ha disminuido.  Recorrí con admiración el enmarañado de árboles, algunas ardillas mecían las altas ramas.  Halle suficiente aire.  

Sueños robados, amaneceres que retaban, pasos pequeños, grandes caídas, errores incontables, siempre, siempre, adelante, tremenda trampa.

Reprimí mis lágrimas.  Cuando entenderé que no existe pasado ni futuro y, probablemente, tampoco el presente.

martes, 21 de abril de 2026

Querido Huitzi:

 Caminé con una energía desconocida, lo que me permitían mis rodillas atrofiadas, iba cargada de ese combustible que nos intoxica.  Podría haber dado una o dos vueltas más al circuito del bosque, en esa inmensidad de arboles he sentido que  ese oxígeno natural  no llena mis pulmones.  Regreso a casa con lo que no logré consumir de ese veneno con mi caminata.  Late mi corazón, se fuerte, no hay fin!