En la primera vuelta al circuito del bosque, a gran volumen, se escuchó una rola del Tri, “Soy un perro negro y callejero, sin hogar, sin hembra y sin dinero…”, la música procedía de una cabaña, ahí se sitúa un equipo de trabajadores, hay cintas amarillas que limitan el acceso a ese lugar. Ya sabes, Huitzi, la música evoca mis recuerdos, es ley; Rizo, mi primo rebelde, varios años mayor que yo, rasgaba en su guitarra desde rolas de rock, hasta querido Tonalá, hizo de su inseparable guitarra una extensión de sí mismo, nunca le pregunté si su guitarra tenía nombre, como Lucille, las guitarras de King.
Mis canciones preferidas de Alex Lora son, A.D.O. y Triste canción, entre otras, todos en casa de Abu, las conocimos, gracias a mi primo. Rizo desertó en la primaria, era demasiado grande y osado para contenerlo, nadie logró ponerle límites; entre cigarrillos y cervezas, ha deambulado con su eterna compañera. Su autoexilio del amor y del desdén de quienes debieron cuidarlo, quizá, le forzó a evadir la realidad que otros habitan, solo él sabe cómo logró sobrevivir y ascender de incontables precipicios.
Siempre rodeado de chiquillos curiosos, Rizo se daba el gusto de interpretar alguna canción, todos cantábamos o lo intentábamos, a la sombra de esa frondosa higuera o el sauco aromático. Siempre veía a Rizo tan alto, cuando era una niña, él me protegía de los chicos abusivos en la primaria, cuando yo solo tenía seis años, pues en ese tiempo, en la escuela primaria, había alumnos de más de 15 años; sin embargo, en una ocasión conocí sus puños por negarme a hacer uno de sus deberes en casa, siendo tan pequeña, nadie creyó cuando les conté como me había golpeado mi primo. Hace un par de años lo volví a ver, le salude con ese cariño de antaño, Rizo estaba tan frágil y con su guitarra inseparable en su huesuda mano, volvimos a cantar, “Oye cantinero, sírveme otra copa, por favor…”; la voz de Rizo es más rasposa y tan rota, como él mismo y como algunos de nosotros.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario