Ayer fue un día contradictorio, esperando con paciencia y a la vez deseando que terminara o que el calendario no marcara ese día. Atrapada, sin escape, mirando como el tiempo se diluye en este calor agobiante.
Hoy volví al bosque de Tlalpan, sin pretexto logro la caminata deseada, aquí no hay canciones ni espacios que me distraigan; solo en la entrada del bosque hay una bocina a todo volumen en el estacionamiento, siempre con música alegre; ya en el circuito, las charlas que decido ignorar tampoco me retrasan.
Lamentablemente, un hombre mayor, aún ágil y canoso, que corría, le dio un empellón a un chico, el joven lo alcanzó y lo enfrentó, cuestionándole por el golpe que le dio en la espalda, casi llegaron a los golpes y solo con la intervención de otros corredores se calmó la situación. Que violento es correr, por eso, solo camino.
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