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martes, 12 de mayo de 2026

Querido Huitzi:

 Llovió toda la madrugada y el bosque amanece con un poco de bruma y no se siente frío.  Las hojas están decoradas con gotitas de agua, parecen diminutos cristales, continúa nublado y me hubiera encantado ver el reflejo de los rayos del sol sobre esta vegetación diamantada.


Y, sí, bailé el día de ayer, el día de la madre es todo un acontecimiento, como siempre, en nuestro México querido y por doquier se festeja; bailamos, comimos tacos de canasta, nos ofrecieron, aguas de jamaica y guayaba; café y galletas mac ma.  Hubo reencuentros con compañeras de lucha, a quienes tenía mucho tiempo de no abrazar, las charlas sobre sus tratamientos agresivos o quienes hace años ya no han requerido servicio en la institución , por lo que se me alegró el corazón al ver la felicidad en sus caritas.  Vuelvo sobre mis pasos, dispuesta a el baile de la vida, sin importar el compás, hay que bailarlo.

lunes, 11 de mayo de 2026

Querido Huitzi:

 El salón de banquetes estaba lleno, solo en nuestra mesa una silla vacía nos recordaba a nuestra amiga Vera, falleció hace unas semanas y no corrió el tequila como a ella le gustaba; tequila que yo solo besaba ante su cara de decepción por no llevarle el ritmo en los brindis, mi vaso, siempre lleno de agua mineral o agua con limón, era visto con desdén, por Vera, ni refresco, lo evitó,  aunque me encanta la coca, el sidral mundet y la sangría señorial, eso es cosa del diablo; la diabetes en mi familia ha sido un cuento de terror.


Bailamos y disfrutamos y una amiga lloraba por Vera; en nuestra posada de fin de año,  Vera me dio un obsequio, en secreto y con rapidez, no llevaba presentes a nadie más, esa vez me reí, pues me sentí como una pequeña haciendo una travesura cuando oculté  mi regalo dentro de mi gran bolso, con este tierno recuerdo sentí un nudo en la garganta y abracé a mi amiga que continuaba llorando.  Regreso a casa, el bosque está delicioso, ha estado lloviendo y su frescor húmedo me abraza; mi rodilla derecha me molesta más de lo normal, sin embargo, hoy, volveré a bailar!

viernes, 8 de mayo de 2026

Querido Huitzi:

 Ayer, una señora de unos 50 años de edad nos dio una cátedra de pecado y castigo y de que a esta edad, la suya, supongo, ya no era propio el sexo; una dama de 80 años, con su novio, varios años menor que ella, sonreían, solo se mostraron tan felices y ajenos a la crítica ajena, dispuestos a enfrentar el juicio de las mentes adoctrinadas.  Tirando piedras, solo te ensucia las manos.


Brindamos con refresco de manzana, el pretexto fue festejar el día de las madres, hicimos brindis  por la vida y por coincidir; pese a las caritas llenas de dolor y a los turbantes que remplazan el velo protector del cabello, fuimos felices por unos momentos; aplaudimos por quienes han tocado la campana y salen de la institución  con lágrimas de felicidad a enfrentar otros retos.  Regreso con esos recuerdos y el frescor intenso del bosque, ayer llovió; salgo  de Fuentes Brotantes con el deseo secreto de tocar la campana de la vida, dejando atrás eso que te consume en vida y de lo cual nadie te puede salvar.

miércoles, 6 de mayo de 2026

Querido Huitzi:

 Vaya calor!, definitivamente, bosque de Fuentes Brotantes, ese frío tan refrescante es lo que necesito, no solo para caminar, también para enfriar los pensamientos que no dejan de hervir, permanentemente.  Dos ardillitas negras cruzaron enfrente de mis pies, reprimí un grito del susto que me dieron y reí de mi sobresalto, treparon en uno de los árboles, desapareciendo ante mi gesto divertido; se va por la vida tan enclaustrado en nuestros problemas que no nos permitimos disfrutar de las pequeñeces que enriquecen el momento y que pueden provocar una sonrisa que endulce ese día.


Y la noticia de la muerte de esa chica, después de una agonía de varios meses, recluida en un hospital, sin volver a ver a sus pequeños hijos, me crea esa interrogante, como en antaño, cuando era tan pequeña: si acaso, en realidad,  es la muerte un ser piadoso ante el sufrimiento y no ese ser malvado y perverso.


Vuelvo a casa, con cargas que consumen, que jamás imaginé que existieran. Camino rápido, Sintiendo pena por la partida de esa joven madre y su familia, suspiro; y, después, vuelve la imagen de esas pequeñas peluditas negras, en su loca carrera, ajenas al dolor humano, sobreviviendo en ese pequeño y húmedo bosque. 

martes, 5 de mayo de 2026

Querido Huitzi:

 En la primera vuelta al circuito del bosque, a gran volumen, se escuchó una rola del Tri, “Soy un perro negro y callejero, sin hogar, sin hembra y sin dinero…”, la música procedía de una cabaña, ahí se sitúa   un equipo de trabajadores, hay cintas amarillas que limitan el acceso a ese lugar.  Ya sabes, Huitzi, la música evoca mis recuerdos, es ley; Rizo, mi primo rebelde, varios años mayor que yo, rasgaba en su guitarra desde rolas de rock, hasta querido Tonalá, hizo de su inseparable guitarra una extensión de sí mismo, nunca le pregunté si su guitarra tenía nombre, como Lucille, las guitarras de King.


Mis canciones preferidas de Alex Lora son,  A.D.O. y Triste canción, entre otras, todos en casa de Abu, las conocimos, gracias a mi primo.  Rizo desertó en la primaria, era demasiado grande y osado para contenerlo, nadie logró ponerle límites; entre cigarrillos y cervezas, ha deambulado con su eterna compañera.  Su autoexilio del amor y del desdén de quienes debieron cuidarlo, quizá, le forzó a evadir la realidad que otros habitan, solo él sabe cómo logró sobrevivir y ascender de incontables precipicios.


Siempre rodeado de chiquillos curiosos, Rizo se daba el gusto de interpretar alguna canción, todos cantábamos o lo intentábamos, a la sombra de esa frondosa higuera o el sauco aromático.  Siempre veía a Rizo tan alto, cuando era una niña, él me protegía de los chicos abusivos en la primaria, cuando yo solo tenía  seis años, pues en ese tiempo, en la escuela primaria,  había alumnos de más de 15 años; sin embargo, en una ocasión conocí sus puños por negarme a hacer uno de sus deberes en casa, siendo tan pequeña, nadie creyó cuando les conté como me había golpeado mi primo.  Hace un par de años lo volví a ver, le salude con ese cariño de antaño, Rizo estaba tan frágil y con su guitarra inseparable en su huesuda mano, volvimos  a cantar, “Oye cantinero, sírveme otra copa, por favor…”; la voz de Rizo es más rasposa y tan rota, como él mismo y como algunos de nosotros.

viernes, 1 de mayo de 2026

Querido Huitzi:

 Ayer fue un día contradictorio, esperando con paciencia y a la vez deseando que terminara o que el calendario no marcara ese día.  Atrapada, sin escape, mirando como el tiempo se diluye en este calor agobiante.


Hoy volví al bosque de Tlalpan, sin pretexto logro la caminata deseada, aquí no hay canciones ni espacios que me distraigan; solo en la entrada del bosque hay una bocina a todo volumen en el estacionamiento, siempre con música alegre; ya en el circuito, las charlas que decido ignorar tampoco me retrasan.


Lamentablemente, un hombre mayor, aún ágil y canoso, que corría, le dio un empellón a un chico, el joven lo alcanzó y lo enfrentó, cuestionándole por el golpe que le dio en la espalda, casi llegaron a los golpes y solo con la intervención de otros corredores se calmó la situación.  Que violento es correr, por eso, solo camino.

miércoles, 29 de abril de 2026

Querido Huitzi:

 Curiosamente, hoy encontré el frío del bosque más intenso, ayer no llovió, aunque el cielo estuvo lleno de grandes nubes.  Una música alegre me invitó a bailar, a cantar, un caballero, caminando junto a mi, muy sonriente y me dijo algo que no logré escuchar; continué mi camino, rápidamente, tarareando la canción, “oye, abre tus ojos, mira hacia arriba…”.


Lo que no ves, no existe, sabes?  Mire espacios y rincones del bosque que no había notado;  un señor sentado afuera de una casita, me sonreía, a la vez que agitaba su mano y me dijo, hoy no trajo su chamarra, hace fresco; el señor ya me había visto y seguramente, saludado y no le había prestado atención y, en efecto, hoy no traje chamarra, usé una sudadera , ahí me di vuelta.


El murmullo del riachuelo es tan relajante, cuando me vi en la gran piedra encantada, de frente, recordé mi niñez, ahí mismo las señoras con delantales y largas trenzas, ponían sus prendas a blanquear sobre la roca caliente por el sol, hincadas a la orilla del riachuelo, las señoras, incluyendo niñas,  lavaban sobre cualquier piedra saliente del agua, aún lo hacen quienes viven junto a la corriente; continue mi camino, admirando lo que robaba mi atención.  Cuán maravillosa es la naturaleza!