Vaya calor!, definitivamente, bosque de Fuentes Brotantes, ese frío tan refrescante es lo que necesito, no solo para caminar, también para enfriar los pensamientos que no dejan de hervir, permanentemente. Dos ardillitas negras cruzaron enfrente de mis pies, reprimí un grito del susto que me dieron y reí de mi sobresalto, treparon en uno de los árboles, desapareciendo ante mi gesto divertido; se va por la vida tan enclaustrado en nuestros problemas que no nos permitimos disfrutar de las pequeñeces que enriquecen el momento y que pueden provocar una sonrisa que endulce ese día.
Y la noticia de la muerte de esa chica, después de una agonía de varios meses, recluida en un hospital, sin volver a ver a sus pequeños hijos, me crea esa interrogante, como en antaño, cuando era tan pequeña: si acaso, en realidad, es la muerte un ser piadoso ante el sufrimiento y no ese ser malvado y perverso.
Vuelvo a casa, con cargas que consumen, que jamás imaginé que existieran. Camino rápido, Sintiendo pena por la partida de esa joven madre y su familia, suspiro; y, después, vuelve la imagen de esas pequeñas peluditas negras, en su loca carrera, ajenas al dolor humano, sobreviviendo en ese pequeño y húmedo bosque.