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domingo, 17 de mayo de 2026

Querido Huitzi:

 Era casi un kilo de carne, la encontré en la mañana, sobre la mesa, junto a un paquete de tortillas pequeñas, la carne ya estaba en mal estado, por lo que debí colocarla en la basura, con todo y salsa de guacamole; vaya desperdicio, querían darme una sorpresa y lo lograron.  Era más tarde de lo que pensé y salí rumbo al bosque.


Sentí un picor en mis talones, revisé mis calcetas y encontré pequeños fragmentos de hojas secas, incrustados en el tejido de las calcetas; cuando esta muy húmedo el circuito, debido a la lluvia, está el riesgo de resbalarse con las hojas de los árboles y cuando no ha llovido, pasa esto, se clavan los fragmentos de hojarasca en tus pies, sacudí en lo posible las calcetas y continué mi caminata.  A la salida del bosque de Tlalpan, se instala un Mercado y hoy no hubo música.


Un auto se detuvo cerca de mí sobre  Santa Teresa, era una señora y me ofreció llevarme a la avenida Insurgentes en su auto, le agradecí el gesto y continué mi camino; cuantas personas te observan e ignoramos por no prestar atención a quienes nos rodean o por ir absortos en nuestros pensamientos, ah!, pero, la incomodidad de un pedazo de hoja seca, que pareciera insignificante, logra detenerte; haré lo posible por mirar con más interés mi entorno, a veces parece que se camina en un solitario mundo.

viernes, 15 de mayo de 2026

Querido Huitzi:

 La cara con heridas, más en la frente, por lo que su cabello canoso lo sujetó en un chongo, un vendaje cubría su pecho y aún así, caminó junto conmigo, ignoramos las miradas impertinentes, pero, fue inevitable el llanto, cómo se puede vivir así?, abrir los ojos cada día para enfrentar esa batalla, es realmente vivir?  Donde se hallan las respuestas a lo no dicho, a lo que hierve en el pecho y en la mente; volvimos sobre nuestros pasos, ya está sintiéndose caluroso el bosque, en el camino, volvimos a llorar, no encontré la palabra exacta, porque no existe por ahora y nos abrazamos. 


Sobre la avenida Insurgentes, até sus agujetas, pues una mano también la tiene con vendajes, está inflamada  y no se resistió, como lo hubiera hecho antes; el sol nos dio en la cara, sobre sus heridas, intente sonreír y la sonrisa fue imposible, hubiera sido una mueca falsa y la vida aún continúa.

jueves, 14 de mayo de 2026

Querido Huitzi:

 


Un señor sostenía una flor, al mismo tiempo que la admiraba con gran interés, le susurraba algo que nadie escuchaba, algunos corredores le miraban con burla, alguien le gritó que la besara, otros más decían, pobre loco, el hombre parecía no escuchar a nadie, concentraba toda su atención en la flor, las tres veces que caminaba cerca de él, seguía embelesado con la bella flor, en el mundo no existía nadie más, solo el hombre de gran bigote y la flor , que quizá, deseaba marchitarse para ser liberada de esa mano.


Mi ultima vuelta en el circuito del bosque fue difícil, mi rodilla derecha no me permitió caminar rápido, por lo que debí caminar más lento, al salir del bosque, a todo volumen se escuchaba una canción de Juan Gabriel, Querida y todo el trayecto de vuelta a casa la fui cantando, a la vez que razonaba donde hallar las palabras que a veces no encuentro, aunque aplique el mismo interés de aquel hombre de gran bigote hacia su flor, las letras se niegan ante mi mano, probablemente, negándose a ser leídas o  negándome a develar lo que bien sé y aún no admito.

martes, 12 de mayo de 2026

Querido Huitzi:

 Llovió toda la madrugada y el bosque amanece con un poco de bruma y no se siente frío.  Las hojas están decoradas con gotitas de agua, parecen diminutos cristales, continúa nublado y me hubiera encantado ver el reflejo de los rayos del sol sobre esta vegetación diamantada.


Y, sí, bailé el día de ayer, el día de la madre es todo un acontecimiento, como siempre, en nuestro México querido y por doquier se festeja; bailamos, comimos tacos de canasta, nos ofrecieron, aguas de jamaica y guayaba; café y galletas mac ma.  Hubo reencuentros con compañeras de lucha, a quienes tenía mucho tiempo de no abrazar, las charlas sobre sus tratamientos agresivos o quienes hace años ya no han requerido servicio en la institución , por lo que se me alegró el corazón al ver la felicidad en sus caritas.  Vuelvo sobre mis pasos, dispuesta a el baile de la vida, sin importar el compás, hay que bailarlo.

lunes, 11 de mayo de 2026

Querido Huitzi:

 El salón de banquetes estaba lleno, solo en nuestra mesa una silla vacía nos recordaba a nuestra amiga Vera, falleció hace unas semanas y no corrió el tequila como a ella le gustaba; tequila que yo solo besaba ante su cara de decepción por no llevarle el ritmo en los brindis, mi vaso, siempre lleno de agua mineral o agua con limón, era visto con desdén, por Vera, ni refresco, lo evitó,  aunque me encanta la coca, el sidral mundet y la sangría señorial, eso es cosa del diablo; la diabetes en mi familia ha sido un cuento de terror.


Bailamos y disfrutamos y una amiga lloraba por Vera; en nuestra posada de fin de año,  Vera me dio un obsequio, en secreto y con rapidez, no llevaba presentes a nadie más, esa vez me reí, pues me sentí como una pequeña haciendo una travesura cuando oculté  mi regalo dentro de mi gran bolso, con este tierno recuerdo sentí un nudo en la garganta y abracé a mi amiga que continuaba llorando.  Regreso a casa, el bosque está delicioso, ha estado lloviendo y su frescor húmedo me abraza; mi rodilla derecha me molesta más de lo normal, sin embargo, hoy, volveré a bailar!

viernes, 8 de mayo de 2026

Querido Huitzi:

 Ayer, una señora de unos 50 años de edad nos dio una cátedra de pecado y castigo y de que a esta edad, la suya, supongo, ya no era propio el sexo; una dama de 80 años, con su novio, varios años menor que ella, sonreían, solo se mostraron tan felices y ajenos a la crítica ajena, dispuestos a enfrentar el juicio de las mentes adoctrinadas.  Tirando piedras, solo te ensucia las manos.


Brindamos con refresco de manzana, el pretexto fue festejar el día de las madres, hicimos brindis  por la vida y por coincidir; pese a las caritas llenas de dolor y a los turbantes que remplazan el velo protector del cabello, fuimos felices por unos momentos; aplaudimos por quienes han tocado la campana y salen de la institución  con lágrimas de felicidad a enfrentar otros retos.  Regreso con esos recuerdos y el frescor intenso del bosque, ayer llovió; salgo  de Fuentes Brotantes con el deseo secreto de tocar la campana de la vida, dejando atrás eso que te consume en vida y de lo cual nadie te puede salvar.

miércoles, 6 de mayo de 2026

Querido Huitzi:

 Vaya calor!, definitivamente, bosque de Fuentes Brotantes, ese frío tan refrescante es lo que necesito, no solo para caminar, también para enfriar los pensamientos que no dejan de hervir, permanentemente.  Dos ardillitas negras cruzaron enfrente de mis pies, reprimí un grito del susto que me dieron y reí de mi sobresalto, treparon en uno de los árboles, desapareciendo ante mi gesto divertido; se va por la vida tan enclaustrado en nuestros problemas que no nos permitimos disfrutar de las pequeñeces que enriquecen el momento y que pueden provocar una sonrisa que endulce ese día.


Y la noticia de la muerte de esa chica, después de una agonía de varios meses, recluida en un hospital, sin volver a ver a sus pequeños hijos, me crea esa interrogante, como en antaño, cuando era tan pequeña: si acaso, en realidad,  es la muerte un ser piadoso ante el sufrimiento y no ese ser malvado y perverso.


Vuelvo a casa, con cargas que consumen, que jamás imaginé que existieran. Camino rápido, Sintiendo pena por la partida de esa joven madre y su familia, suspiro; y, después, vuelve la imagen de esas pequeñas peluditas negras, en su loca carrera, ajenas al dolor humano, sobreviviendo en ese pequeño y húmedo bosque.