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miércoles, 6 de mayo de 2026

Querido Huitzi:

 Vaya calor!, definitivamente, bosque de Fuentes Brotantes, ese frío tan refrescante es lo que necesito, no solo para caminar, también para enfriar los pensamientos que no dejan de hervir, permanentemente.  Dos ardillitas negras cruzaron enfrente de mis pies, reprimí un grito del susto que me dieron y reí de mi sobresalto, treparon en uno de los árboles, desapareciendo ante mi gesto divertido; se va por la vida tan enclaustrado en nuestros problemas que no nos permitimos disfrutar de las pequeñeces que enriquecen el momento y que pueden provocar una sonrisa que endulce ese día.


Y la noticia de la muerte de esa chica, después de una agonía de varios meses, recluida en un hospital, sin volver a ver a sus pequeños hijos, me crea esa interrogante, como en antaño, cuando era tan pequeña: si acaso, en realidad,  es la muerte un ser piadoso ante el sufrimiento y no ese ser malvado y perverso.


Vuelvo a casa, con cargas que consumen, que jamás imaginé que existieran. Camino rápido, Sintiendo pena por la partida de esa joven madre y su familia, suspiro; y, después, vuelve la imagen de esas pequeñas peluditas negras, en su loca carrera, ajenas al dolor humano, sobreviviendo en ese pequeño y húmedo bosque. 

martes, 5 de mayo de 2026

Querido Huitzi:

 En la primera vuelta al circuito del bosque, a gran volumen, se escuchó una rola del Tri, “Soy un perro negro y callejero, sin hogar, sin hembra y sin dinero…”, la música procedía de una cabaña, ahí se sitúa   un equipo de trabajadores, hay cintas amarillas que limitan el acceso a ese lugar.  Ya sabes, Huitzi, la música evoca mis recuerdos, es ley; Rizo, mi primo rebelde, varios años mayor que yo, rasgaba en su guitarra desde rolas de rock, hasta querido Tonalá, hizo de su inseparable guitarra una extensión de sí mismo, nunca le pregunté si su guitarra tenía nombre, como Lucille, las guitarras de King.


Mis canciones preferidas de Alex Lora son,  A.D.O. y Triste canción, entre otras, todos en casa de Abu, las conocimos, gracias a mi primo.  Rizo desertó en la primaria, era demasiado grande y osado para contenerlo, nadie logró ponerle límites; entre cigarrillos y cervezas, ha deambulado con su eterna compañera.  Su autoexilio del amor y del desdén de quienes debieron cuidarlo, quizá, le forzó a evadir la realidad que otros habitan, solo él sabe cómo logró sobrevivir y ascender de incontables precipicios.


Siempre rodeado de chiquillos curiosos, Rizo se daba el gusto de interpretar alguna canción, todos cantábamos o lo intentábamos, a la sombra de esa frondosa higuera o el sauco aromático.  Siempre veía a Rizo tan alto, cuando era una niña, él me protegía de los chicos abusivos en la primaria, cuando yo solo tenía  seis años, pues en ese tiempo, en la escuela primaria,  había alumnos de más de 15 años; sin embargo, en una ocasión conocí sus puños por negarme a hacer uno de sus deberes en casa, siendo tan pequeña, nadie creyó cuando les conté como me había golpeado mi primo.  Hace un par de años lo volví a ver, le salude con ese cariño de antaño, Rizo estaba tan frágil y con su guitarra inseparable en su huesuda mano, volvimos  a cantar, “Oye cantinero, sírveme otra copa, por favor…”; la voz de Rizo es más rasposa y tan rota, como él mismo y como algunos de nosotros.

viernes, 1 de mayo de 2026

Querido Huitzi:

 Ayer fue un día contradictorio, esperando con paciencia y a la vez deseando que terminara o que el calendario no marcara ese día.  Atrapada, sin escape, mirando como el tiempo se diluye en este calor agobiante.


Hoy volví al bosque de Tlalpan, sin pretexto logro la caminata deseada, aquí no hay canciones ni espacios que me distraigan; solo en la entrada del bosque hay una bocina a todo volumen en el estacionamiento, siempre con música alegre; ya en el circuito, las charlas que decido ignorar tampoco me retrasan.


Lamentablemente, un hombre mayor, aún ágil y canoso, que corría, le dio un empellón a un chico, el joven lo alcanzó y lo enfrentó, cuestionándole por el golpe que le dio en la espalda, casi llegaron a los golpes y solo con la intervención de otros corredores se calmó la situación.  Que violento es correr, por eso, solo camino.

miércoles, 29 de abril de 2026

Querido Huitzi:

 Curiosamente, hoy encontré el frío del bosque más intenso, ayer no llovió, aunque el cielo estuvo lleno de grandes nubes.  Una música alegre me invitó a bailar, a cantar, un caballero, caminando junto a mi, muy sonriente y me dijo algo que no logré escuchar; continué mi camino, rápidamente, tarareando la canción, “oye, abre tus ojos, mira hacia arriba…”.


Lo que no ves, no existe, sabes?  Mire espacios y rincones del bosque que no había notado;  un señor sentado afuera de una casita, me sonreía, a la vez que agitaba su mano y me dijo, hoy no trajo su chamarra, hace fresco; el señor ya me había visto y seguramente, saludado y no le había prestado atención y, en efecto, hoy no traje chamarra, usé una sudadera , ahí me di vuelta.


El murmullo del riachuelo es tan relajante, cuando me vi en la gran piedra encantada, de frente, recordé mi niñez, ahí mismo las señoras con delantales y largas trenzas, ponían sus prendas a blanquear sobre la roca caliente por el sol, hincadas a la orilla del riachuelo, las señoras, incluyendo niñas,  lavaban sobre cualquier piedra saliente del agua, aún lo hacen quienes viven junto a la corriente; continue mi camino, admirando lo que robaba mi atención.  Cuán maravillosa es la naturaleza!

martes, 28 de abril de 2026

Querido Huitzi:

 


La brizna del riachuelo alcanzó mi rostro cuando me incliné para ver si ahí también había peces, entre más cerca del ojo de agua, la corriente es más intensa y solo vi piedras.  Elijo el bosque de Fuentes Brotantes, su serenidad es atrayente, al final del riachuelo se forma un pequeño estanque, tranquilo, ahí culmina la furia con la que inicia su recorrido.


Existen tantas leyendas y anécdotas sobre ese lugar tan mágico, desde las extrañas desapariciones de trabajadores de una fábrica que estaba situada junto a ese bosque, también se destaca por las películas del Santo, el enmascarado de plata, que fueron filmadas en ese lugar misterioso.


Hay otras anécdotas propias que evoque  y me hicieron reír; hace casi treinta años, cuando no contaba con agua en mi casa, acudía a ese riachuelo, cerca de la piedra encantada, donde la corriente no era tan rápida, mis hijos pequeños gozaban ese contacto con la naturaleza, era tan sorprendente para ellos.  Justo ahí, no solo lavaba el auto, enjuagaba la ropa enjabonada que llevaba de casa, como lo hacen quienes viven ahí, también llenaba unos botes con agua y la transportaba para las necesidades de mi hogar.  Escapó un suspiro, de aquel ser que fui, hoy, queda tan poco, eso deseo.

lunes, 27 de abril de 2026

Querido Huitzi:

El bosque de Tlalpan es más concurrido, escucho todo tipo de charlas, es inevitable, algunas me logran sacar una sonrisa y otras me apremian a dar más velocidad a mi caminata, cada loco con su tema.  


Pese a que ha llovido y hasta granizado; no hay ese frío que te atrapa en Fuentes Brotantes, hoy, este bosque bullicioso, lo encontré con un poco más de verdor.  


Cada paso me conduce a meditar, sin hallar sentido a lo que hace trizas el alma, sin embargo, siempre encuentro algo que agradecer, la vida es tan diversa, sorpresiva y tan intensamente ruda.  No hay como torear lo que ya tienes frente a tu nariz, burlándose, pisoteándote, amordazándote, sin siquiera haberlo ocasionado, imaginado o invocado.  Evitó maldecir en general, hoy lo expulsaré, Maldita sea!

viernes, 24 de abril de 2026

Querido Huitzi:

 Nuevamente, el bosquecillo de Fuentes Brotantes, este frío es tan acogedor.  A lo lejos, esa voz sedosa de Pedro Infante entonaba: “Yo ya me voy, solo vengo a despedirme…”, caminé lento, deseando seguir escuchando la canción.  A veces, las coincidencias parecen burlas, sabes?

En esta paz verdosa, unas ardillas cruzaron en mi camino, rompiendo mi meditación y sequé mis lagrimas.  No siquiera vi a los patos, me detuve en ese árbol viejo ennegrecido, no puedo ignorarlo, alguien me saludo por mi nombre, solo vi la silueta y atiné a contestar de manera indiferente y rápidamente, volví sobre mis pisadas.  

Hay presagios que no deberían de cumplirse, esos que te roban todo por lo que haz luchado durante toda tu existencia.  Solo confirmo lo que ya sabía, aunque  parece que lo había olvidado: nada nos pertenece.