Ayer, una señora de unos 50 años de edad nos dio una cátedra de pecado y castigo y de que a esta edad, la suya, supongo, ya no era propio el sexo; una dama de 80 años, con su novio, varios años menor que ella, sonreían, solo se mostraron tan felices y ajenos a la crítica ajena, dispuestos a enfrentar el juicio de las mentes adoctrinadas. Tirando piedras, solo te ensucia las manos.
Brindamos con refresco de manzana, el pretexto fue festejar el día de las madres, hicimos brindis por la vida y por coincidir; pese a las caritas llenas de dolor y a los turbantes que remplazan el velo protector del cabello, fuimos felices por unos momentos; aplaudimos por quienes han tocado la campana y salen de la institución con lágrimas de felicidad a enfrentar otros retos. Regreso con esos recuerdos y el frescor intenso del bosque, ayer llovió; salgo de Fuentes Brotantes con el deseo secreto de tocar la campana de la vida, dejando atrás eso que te consume en vida y de lo cual nadie te puede salvar.