Hincada en el pasto, algo invisible atrap贸 su mano en el momento que retiraba las hojas secas de las rosas, M贸nica retir贸 su mano bruscamente de los rosales, gritando horrorizada, corre a su cocina y se sienta, llorando, apoya su cabeza en la mesa, al mismo tiempo que se lleva las manos al vientre y pide perd贸n a sus beb茅s no nacidos; M贸nica se siente tan culpable de interrumpir esos embarazos, todo por amor a Favo, su esposo, le ama tanto y no soporta la idea de perderlo. Con los ojos hinchados y a煤n temerosa de la extra帽a presencia del jard铆n, ve entrar a Favo, porta un traje gris, M贸nica no pierde ning煤n detalle del aspecto de Favo, es tan delgado y con sus negras patillas ensortijadas, afinan m谩s su rostro, sus cejas enmarcan unos ojos oscuros y su boca voluptuosa, hacen estremecer a M贸nica, como el d铆a que le bes贸 por primera vez, en la fiesta de la empresa donde laboran su padre y Favo, castigando su cuerpo contra la pared, en esa oscuridad de la terraza y los helechos lujuriosos, en medio de sensaciones desconocidas y pecaminosas, donde ella s贸lo se abandon贸 a las manos urgentes de Favo, sin saber qu茅 hacer, envuelta en ese calor naciente y el palpitar del cuerpo de Favo, supo que ese hombre era el amor de su vida.
Favo abofete贸 a M贸nica cuando ella le anunci贸 que estaba embarazada, le dio un pu帽etazo en la cara y otro en el vientre y la pate贸 en las nalgas por pendeja, sali贸 furioso de su casa, M贸nica en el piso, sangraba de la nariz y de la boca, sintiendo la culpa del embarazo, el primero, M贸nica se atrevi贸 a pensar que Favo se alegrar铆a con la noticia y olvidar铆a lo que le exigi贸 cuando le propuso matrimonio. Los padres de M贸nica escucharon at贸nitos la propuesta de matrimonio, seguido de las condiciones que Favo le impon铆a a su prometida, que no deseaba hijos, que ella se ten铆a que cuidar siempre y no deb铆a engordar, de lo contrario, les devolver铆a a su hija, la madre de Favo no pudo opinar, bien que conoc铆a los deseos de su hijo y nada le har铆a cambiar de opini贸n, o, definitivamente, no se casaban. M贸nica luc铆a espl茅ndida en su boda, en contraste con los ojos desorbitados y furiosos de su padre y las tristes l谩grimas de su madre, M贸nica acept贸 todas las demandas de su prometido, le amaba con locura, har铆a lo que Favo le pidiera, todo.
Un m茅dico, amigo de su suegra, mantiene a M贸nica con los cuidados necesarios para evitar embarazos, m茅todos empleados por la madre de Favo, al fallar 茅stos, este mismo m茅dico se hace cargo de interrumpir los embarazos de M贸nica, los gastos m茅dicos son cubiertos por los padres de Favo, el desgaste emocional es cubierto por M贸nica y el m茅dico entrega a M贸nica, secretamente, un bultito envuelto en gasas, con manchas de sangre, a petici贸n de ella. El tercer embarazo de M贸nica fue un aborto espont谩neo, M贸nica nunca se percat贸 porque continuaba con los periodos, sucedi贸 cuando M贸nica aseaba la casa, la gran mancha roja en el piso blanco le hizo un hueco en su coraz贸n, este beb茅 renunci贸 a la vida que no le esperaba; con las manos manchadas de sangre, M贸nica cubre con la tierra del jard铆n el peque帽o envoltorio blanco, semanas despu茅s, surge un bello rosal rojo, los tiene de varios colores, en las tardes, cuando ella riega su jard铆n, el aroma a rosas es embriagante, el perfume penetra hasta su alcoba, a su lecho, ah铆, cuando palpitan sus cuerpos, Favo le dice a M贸nica que apestan demasiado sus rosas y que un d铆a de estos las rociar谩 con petr贸leo y ella encender谩 el f贸sforo, M贸nica jam谩s le ha develado a Favo que sus hijos no nacidos los ha sepultado entre los rosales, nunca lo sabr谩, nunca los quiso Favo, son s贸lo de ella.
Con la mesa puesta primorosamente, noche a noche, M贸nica espera a Favo, algunas noches no llega a casa y al d铆a siguiente vuelve con manchas de labial en la camisa, las primeras veces, M贸nica lloraba interminablemente y cuando reclamaba a su esposo, 茅ste le propinaba una golpiza, ignor谩ndola por varios d铆as o se ausentaba y a su regreso, M贸nica volv铆a a recibir golpes; nunca volvi贸 a reclamarle nada a Favo, las noches que permanece sola, se observaba en el espejo, cuestion谩ndose qu茅 ve Favo en sus amantes. M贸nica come s贸lo lo necesario para mantenerse esbelta y cuida de no asolearse para evitar arrugas en su piel blanca. La soledad de M贸nica se intensifica cada d铆a, Favo le neg贸 el derecho a trabajar o a alguna otra actividad, le advirti贸 sobre no tener amigas y mucho menos que metiera a alguien a su casa, que el d铆a que lo hiciera, sacar铆a a todos a patadas de ah铆, que su mujer s贸lo se debe dedicar a su casa y a 茅l; la familia de M贸nica evita a Favo y ante ese rechazo, ella tambi茅n se aleja m谩s de sus padres. M贸nica se refugia en su jard铆n, evoca el recuerdo de sus hijos, de lo que pudo haber sido, de lo que pudo haberlos amado, sin nada m谩s que hacer, se desahoga al concentrarse en mantener sus plantas en perfectas condiciones y, a la llegada de Favo, se esmera con gran diligencia en tener contento a su esposo, s贸lo 茅l importa en su existencia.
Al discurrir de los a帽os, M贸nica se hunde en un fango de culpabilidad, de celos, de conformismo, de tristeza y de abandono. M贸nica contin煤a puliendo su aspecto, Favo pule sus gustos con las chicas m谩s j贸venes, se descara m谩s y m谩s; cuando bebe, golpea con placer a M贸nica y le grita con cinismo c贸mo lleva a cabo sus actos sexuales con sus amantes y en la vieja bruja en que se est谩 convirtiendo M贸nica. Un d铆a, Favo, ebrio, le escupe a M贸nica que ya tiene un hijo var贸n con una joven amante, M贸nica siente enloquecer y golpea los vidrios de las ventanas; Favo, enardecido, la toma por los cabellos y la arroja al jard铆n, M贸nica toca con las puntas de los dedos las rosas, sangra de las manos y llora quedamente; siente una caricia en su mejilla y el aroma de los rosales se vuelve m谩s intenso, M贸nica retrocede asustad铆sima y cae en el pasto; en ese instante, Favo sale de la casa, vocifera insultos y patea a M贸nica; algunos vecinos, atra铆dos por la violencia escandalosa, los gritos de Favo y los alaridos de M贸nica, tratan de interceder, lo cual desaf铆a m谩s a Favo y les reparte golpes e improperios; cuando los vecinos se retiran, sin haber logrado controlarlo y con alg煤n golpe de los que reparti贸 su vecino borracho, Favo, m谩s iracundo que antes, dirige nuevamente su furia a M贸nica, cayendo de bruces sobre los rosales.
Favo a煤n no comprende lo que sucedi贸 en el jard铆n, cada vez que cruza hacia la casa, un escalofr铆o intenso le recorre el cuerpo al pasar por los rosales, recuerda, perfectamente, patear la cara de M贸nica, cuando una mano de gran fuerza le dio un empell贸n, lanz谩ndolo a los rosales, recuerda que intent贸 incorporarse varias veces, sin 茅xito, pues era jalado de manos y pies hacia las rosas; su rostro, manos y pecho, fueron atendidos por el m茅dico de su madre, con grandes espinas clavadas, inclusive una rama mediana se incrust贸 en su brazo, es il贸gico, dijo el m茅dico y pregunt贸, esc茅ptico, ¿c贸mo metiste todo esto en tu cuerpo?; M贸nica, sobrecogida en la camilla y con el rostro amoratado, no daba cr茅dito a lo que vio en su jard铆n.
Desconfiada, M贸nica, evita, en lo posible, el jard铆n, lo ha abandonado, despu茅s de que Favo arroj贸 petr贸leo sobre los rosales e intent贸 arrojarles un f贸sforo encendido, como lo hab铆a prometido anteriormente, el f贸sforo jam谩s se logr贸 encender, por m谩s intentos que hizo Favo, la chispa nunca se dio, tambi茅n le orden贸 a M贸nica que lo intentara, sin lograr hacer arder ning煤n cerillo, no hab铆a viento, no hab铆a permiso para la flama. El jard铆n luce sofisticado con tantas rosas, su fuerte fragancia la advierten hasta los vecinos m谩s lejanos y todos ellos desean conocer los rosales de M贸nica y los secretos con los que logra abonar la tierra de su jard铆n; M贸nica, nerviosa, se tuerce los dedos ante cada uno de ellos, excus谩ndose con las personas de no tener tiempo de atenderlos y pasarlos a su jard铆n, que s贸lo se limita a regar cada noche sus rosas y que no hay secreto alguno, que la tierra es f茅rtil y m谩s mentiras. No admite lo que ocurre ah铆, ha adelgazado demasiado, no logra conciliar el sue帽o, cada vez que arroja un balde con agua y cloro al jard铆n, para evitar que sigan creciendo los rosales, siente una mano invisible que la jala hacia sus rosas. Favo, pretextando viajes de trabajo, se ausenta por d铆as o semanas, M贸nica sabe que lo ama, s贸lo eso. M贸nica, en su aislamiento, ahora se infringe da帽o, se golpea el vientre, las piernas, se abofetea y tira fuertemente de su cabello, cuando Favo se percata de sus moretones, en la intimidad, contin煤a su acto y le planta unas cachetadas, seguido de, eres una pobre pendeja. M贸nica observa el jard铆n, desde la ventana de la alcoba, percibi茅ndose como las blancas cortinas de gasa, ligera y transparente se estremecen cuando se escucha un murmullo dulce, suave y perfumado; desde hace semanas no toma las pastillas anticonceptivas, le dar谩 un hijo a Favo, aunque la mate.
El secreto s贸lo es compartido con sus padres y 茅stos le suplican a M贸nica que abandone a su esposo, que la llevaran a un lugar distante y seguro para que nazca su hijo. M贸nica se faja cuando Favo esta en casa, contin煤a con sus viajes de "negocios", lo cual favorece a el embarazo y cuerpo de M贸nica, en esos d铆as de ausencia de Favo, M贸nica admira su abdomen y fantasea que en cuanto nazca el ni帽o, no ni帽a, debe ser ni帽o para que Favo lo acepte, ser谩n una armoniosa familia, ese nacimiento ser谩 el milagro deseado, asegura M贸nica. Una sucursal de la empresa requiere a Favo en otro estado por algunos meses, la suerte est谩 de su parte, cree M贸nica y despu茅s de una golpiza que arremete Favo en contra del cuerpo gordo de su esposa, se encamina al nuevo proyecto de su empresa, eso s铆, bajo la amenaza de que a su regreso M贸nica debe estar nuevamente en forma o la abandonar谩, las gordan le asquean a Favo.
El secreto es confesado a la madre de Favo, quien se enternece con la idea de ser abuela, con el apoyo de su suegra y sus padres, nace el beb茅, un var贸n, un maravilloso milagro, todos se encuentran muy felices y en la primera oportunidad, M贸nica lleva a su hijo al jard铆n, llora con aflicci贸n sobre las tumbas olorosas a rosas, acuna a su hijo en su pecho, sin lograr evitar mojar la carita de su peque帽o. El cuerpo de M贸nica est谩 m谩s delgado que de costumbre, adem谩s de alimentar al beb茅, ella come poco, quiere lucir lo mejor posible para el regreso del amor de su vida, Favo. Al atardecer, los padres de M贸nica, su suegra y M贸nica, reciben a Favo en la gran estancia, Favo llega con cara de pocos amigos y cansado del viaje, da un vistazo al cuerpo de M贸nica y parlotea fanfarronamente, m谩s te vale; se dirige a su madre para saludarla y ella, seria, lo esquiva, al mismo tiempo que se帽ala hacia la peque帽a cuna, Favo, at贸nito, s贸lo golpea la madera que protege a su hijo y se lanza a golpes sobre la aterrorizada M贸nica, en medio de gritos de los abuelos, es un var贸n, es tu hijo, Favo, enfurecido, golpea brutalmente a su esposa, M贸nica intenta huir y Favo logra darle alcance en el jard铆n; nadie logra quitars茅lo de encima, su suegro es derribado de un pu帽etazo y su madre de un fuerte empell贸n, la madre de M贸nica sostiene a su nieto y s贸lo atina a gritar hist茅rica al ver a su hija ba帽ada en sangre; algunos vecinos, alertados por la gresca, desean ayudar a la pobre mujer y son recibidos por golpes; aprisionada entre Favo y los rosales, M贸nica est谩 a punto de morir y es en ese instante en que Favo es cubierto por los fragantes rosales, cual boa a su presa, Favo es presionado hasta dejarlo sin vida.
El secreto es confesado a la madre de Favo, quien se enternece con la idea de ser abuela, con el apoyo de su suegra y sus padres, nace el beb茅, un var贸n, un maravilloso milagro, todos se encuentran muy felices y en la primera oportunidad, M贸nica lleva a su hijo al jard铆n, llora con aflicci贸n sobre las tumbas olorosas a rosas, acuna a su hijo en su pecho, sin lograr evitar mojar la carita de su peque帽o. El cuerpo de M贸nica est谩 m谩s delgado que de costumbre, adem谩s de alimentar al beb茅, ella come poco, quiere lucir lo mejor posible para el regreso del amor de su vida, Favo. Al atardecer, los padres de M贸nica, su suegra y M贸nica, reciben a Favo en la gran estancia, Favo llega con cara de pocos amigos y cansado del viaje, da un vistazo al cuerpo de M贸nica y parlotea fanfarronamente, m谩s te vale; se dirige a su madre para saludarla y ella, seria, lo esquiva, al mismo tiempo que se帽ala hacia la peque帽a cuna, Favo, at贸nito, s贸lo golpea la madera que protege a su hijo y se lanza a golpes sobre la aterrorizada M贸nica, en medio de gritos de los abuelos, es un var贸n, es tu hijo, Favo, enfurecido, golpea brutalmente a su esposa, M贸nica intenta huir y Favo logra darle alcance en el jard铆n; nadie logra quitars茅lo de encima, su suegro es derribado de un pu帽etazo y su madre de un fuerte empell贸n, la madre de M贸nica sostiene a su nieto y s贸lo atina a gritar hist茅rica al ver a su hija ba帽ada en sangre; algunos vecinos, alertados por la gresca, desean ayudar a la pobre mujer y son recibidos por golpes; aprisionada entre Favo y los rosales, M贸nica est谩 a punto de morir y es en ese instante en que Favo es cubierto por los fragantes rosales, cual boa a su presa, Favo es presionado hasta dejarlo sin vida.

