Volviste, todo se tornó turbio, plomizo.
Tomaste su mano y se ha
desvanecido;
Esta vez, no te vi, sólo escuché tu canto,
helado, sombrío, vacío y desolado;
Creí que era un sueño, pesadilla,
deseo.
No te ausentas, vives entre nosotros, tu caricia nos recorre fría en el alma.
Te temen y huyen de ti; no reconocen tu piedad,
Ni tu paz, lo dulce de tu tenebrosa sombra.
Caminamos contigo, no nos acechas, eso creen;
Eres fiel, lo sé bien, como nadie;
Estarás sosteniendo nuestro espíritu, nuestro último aliento,
Tu abrazo será eterno.

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