Dolía la ausencia de aquellas dulces notas, de aquella ave lejana o
perdida, muda la rama casi vacía de hojas verdes y la muñeca vudú,
entre lágrimas de fuego, añoraba aferrarse a ese trino perdido y a ese
azul celeste; el gris del cielo la consoló en cada alfiler que clavaban
en su maltrecho cuerpo. Qué lección, “En lo sombrío también se oculta la
ternura!”

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