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miércoles, 24 de mayo de 2017
Esplendor en otoño
Inhalaba suavemente el dulzón de su inocencia.
En todos los aromas deleitados, la novicia le corrompía.
Era su risa cristalina, sincera, cual sonora melodía de sirena.
Eran sus ojos llenos de sorpresa el encantamiento que le seducía.
Sus manos pequeñas se asían al estropeado amor que se le ofrendaba.
Esa boca inexperta, ambiciosa de ser adulada.
Sacudiendo el miedo original, reclamaba el arrullo de sus brazos secos.
Así, ansiaba, temerosa, ser aprendiz de ese amor en otoño.
En sobresalto y candor, naufragó en esas sienes de plata.
En torpeza, aspiraba dar el beso maduro que no había estrenado.
No existen las temporadas, ni los espacios, cuando se ama,
Y, aunque era otoño, sus manos enlazadas estrechamente,
Existían sólo para ellos en los días, meses,
Años, inventos de fases que no existieron.
El capullo tierno de ese amor será perpetuo.
No se detendrán los tiempos, es ineludible ese deseo,
Pero, el recuerdo del esplendor en otoño, será eterno.
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