Llovizna y no fui al bosque, tomé un cafe calientito y una imagen me llevo al pasado,
Siempre le pedía a mi madre un globo los domingos, el vendedor sostenía una gran cantidad de cordeles y con su silbatito sonando, todos los chiquillos del barrio salíamos corriendo a la calle empedrada para admirar la gran nube de arcoíris que el globero vendía, algunos niños compraban su apetecible globo, el rojo era el más deseado, los demás, solo mirábamos, embelesados, como esa nube de fantasía desaparecía cuando el globero daba vuelta en la esquina, ahí, casi siempre, pateaba muy despacio piedrecillas y de vez en vez, miraba el azul limpio del cielo, buscando figuras en las blancas nubes, cuando conseguía mi objetivo, apuntaba con un dedo hacia el firmamento y compartía mi hallazgo entre los pequeños, la felicidad nos desbordaba, brincábamos de gusto, mientras más deditos señalaban esa fantasía , las risas infantiles superaban el sonido del silbatito del vendedor de globos.
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