A todo pulmón, alguien cantaba la canción que se escuchaba en la bocina, Cucurrucucú, paloma, en el estacionamiento del bosque de Tlalpan. Encontré un frío rico, ha estado lloviendo y ya tengo la nariz helada. El circuito tiene partes con mucha tierra y pequeñas piedrecillas sobre su pavimento, dos corredores se resbalaron, los vi a la distancia, por lo que debí ir con precaución en esas partes del camino.
Hoy, el aire fresco es suficiente, me niego a darle vueltas a lo incomprensible, no tiene solución, que sea lo que tenga que ser, al diablo todo, me burlo de este momento de lucidez, como si en realidad existieran soluciones mágicas a lo que nos posterga deleitarnos en el camino de esta vida, no hay un puerto de la felicidad, ya lo sé. Al terminar mi caminata, vi unas huellas de lodo fresco en un tramo de varios metros, evito pisarlas, mis tenis ya pesan demasiado como para llenarlos de más lodo.
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