Llovió toda la madrugada y el bosque amanece con un poco de bruma y no se siente frío. Las hojas están decoradas con gotitas de agua, parecen diminutos cristales, continúa nublado y me hubiera encantado ver el reflejo de los rayos del sol sobre esta vegetación diamantada.
Y, sí, bailé el día de ayer, el día de la madre es todo un acontecimiento, como siempre, en nuestro México querido y por doquier se festeja; bailamos, comimos tacos de canasta, nos ofrecieron, aguas de jamaica y guayaba; café y galletas mac ma. Hubo reencuentros con compañeras de lucha, a quienes tenía mucho tiempo de no abrazar, las charlas sobre sus tratamientos agresivos o quienes hace años ya no han requerido servicio en la institución , por lo que se me alegró el corazón al ver la felicidad en sus caritas. Vuelvo sobre mis pasos, dispuesta a el baile de la vida, sin importar el compás, hay que bailarlo.
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