Camino en la humedad del bosque, molesta mi rodilla derecha, hay verdes brillantes por doquier, no hay música, admiro los follajes y las flores que sobreviven a las intensas lluvias. Este frío envuelve mis pensamientos, mi Pelé sigue presente, nunca se irá, es inevitable no llorar, tantos recuerdos en aquella soledad, cuando pendíamos de un hilo que, finalmente, se rompió y nuestra desgracia estaba escrita, no había salvación y cada alma inocente que llegaba a nosotros se sumaba a la tragedia que padecimos, no logré ampararlos; cual es el origen de la maldad? Pelé, seguramente, ya tiene respuestas.
El circuito está lleno de piedrecitas, me resbalo, solo dos vueltas y regreso a casa, veinte minutos más de caminata, la vida sigue.
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