Respiran el aire de su muerte
El sol aún ilumina el amanecer que estuvo condenado
En todo lo que es, nada fue
No empuñó tinta, ni versos, para ser un poeta maldito
Una luz, castiga; el amor, también
Vive, tú, alma libre, todo es un obsequio, ya fue pagado
Quien la muerte bebe su aliento, ya no existe
Aquellos muertos en vida caminan sin rumbo y sin tumba
Las pisadas no siempre dejan huellas
A quien le importa?
Cuántos corderos necesita un madero?
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